El inesperado regreso de la izquierda al gobierno de Perú, con la elección del nuevo presidente encargado José María Balcázar, reveló una profunda lucha de poder entre la centroderecha fujimorista y la derecha radical a dos meses de las elecciones generales del 12 de abril.
Nadie en el país apostaba por la elección de Balcázar, que gobernará hasta el 28 de julio, cuando asuma el nuevo presidente elegido por el voto popular. Todos los números favorecían a la vocera del derechista Acción Popular, María del Carmen Alva, una dirigente polémica que tuvo enfrentamientos verbales violentos y hasta actitudes racistas con algunos pares.
Pero, ¿por qué un Congreso marcadamente conservador eligió finalmente a un presidente surgido de la extrema izquierda peruana, más allá de que rompió hace dos años con su partido y hoy se presenta como “independiente”?
La respuesta revela la compleja inestabilidad política que atraviesa el país: la centroderecha fujimorista liderada por Keiko Fujimori, y la derecha radical del exalcalde de Lima, Rafael López Aliaga, privilegiaron sus propios intereses y su estrategia electoral. En síntesis, apostar por el caos y desmarcarse de un Congreso desprestigiado.





