Como un Emperador del Imperio Romano, Jonas Vingegaard (29 años) apuntó al suelo con sus pulgares en la cima del Blockhaus. Aún quedaban dos semanas de carrera, pero la sensación generalizada era incuestionable: el danés había sentenciado el Giro de Italia. Y así fue. Desde ese día, el del Visma no iba a perdonarle la vida a ninguno de sus teóricos adversarios, que en la práctica nunca lo fueron, así que se impuso en la gran mayoría de finales de alta montaña que quedaban, pulverizando los récords de ascensión del citado coloso de los Abruzzos así como de Corno alle Scale, Pila, Carì y Piancavallo. La excepción fue su compañero Sepp Kuss, que con el beneplácito de su ‘monarca’ conquistó la etapa reina con final en Pianni di Pezzè. Una tiranía coral.
Así las cosas, cumpliendo los pronósticos a rajatabla desde que se supo que participaría este año en la Corsa Rosa, Vingegaard se proclamó este domingo campeón del Giro de Italia por primera vez en su carrera, rompiendo una serie de barreras hasta ahora inéditas en su trayectoria: primera vez que gana cinco etapas en una grande, primera ocasión que vence una ronda de tres semanas en su debut, ganador de dos grandes vueltas de manera consecutiva (venía de conquistar La Vuelta 2025)… Un botín inmenso, para 12 victorias en 2026 (su mejor marca de siempre a estas alturas de temporada) que condujo a lo más importante, algo que por derecho propio permite a Vingegaard ingresar en la lista de las más grandes leyendas que ha dado el ciclismo: conseguir la ‘Triple Corona’ de grandes vueltas.
En la Ciudad Eterna, Jonas se hizo eterno al ingresar en unos de los clubes más selectos de este deporte, donde únicamente antes que él llegaron Jacques Anquetil, Felice Gimondi, Eddy Merckx, Bernard Hinault, Alberto Contador, Vincenzo Nibali y Chris Froome. Muy lejos de esta estirpe a la que pertenece el propio danés estuvieron sus acompañantes en el podio, unos Felix Gall y Jai Hindley que de igual modo tenían motivos para estar felices en la capital italiana. El austríaco daba un paso más en su trayectoria al firmar su primer podio en una grande, mientras que el australiano revivía sus mejores años al regresar a un cajón de una gran ronda al que no se subía desde que conquistase el Giro en 2022 (en 2020 había sido segundo).
Ninguno de ellos se planteó siquiera poner en aprietos a Vingegaard, que mostró un nivel excelso y sin la necesidad de exprimirse al máximo. Sus verdaderas cartas quedarán expuestas en julio en el Tour de Francia, donde espera “llegar aún mejor” de lo que está ahora. Sin duda, lo necesitará para doblegar a su archirrival, un Tadej Pogacar que ya habrá tomado nota de todo lo que ha conseguido Jonas en este Giro. El próximo en conseguir la Triple Corona ha de ser él (le queda La Vuelta). A Vingegaard ya no se la quita nadie…





